Perspectivas de Salud en las Américas

 

Dr. José Moya Medina

Consultor OPS/OMS México

moyajose@mex.ops-oms.org

 

IV Simposio nacional y II Encuentro Internacional de Vigilancia en salud. La habana del 4 al 7 de Octubre 2005

 

Quiero en primer lugar agradecer a los organizadores de este simposio internacional sobre Vigilancia en Salud, de manera particular al Dr. Daniel Rodriguez Milord y a la Representante de la OPS en Cuba la Dra. Lea Guido, por la invitación que me hicieran para presentar esta conferencia sobre situación de salud en las Américas, así como participar en una mesa redonda sobre Salas de Análisis de Salud.

 

Más que una presentación de datos y tendencias sobre las enfermedades en nuestro continente, me gustaría referirme a algunos temas de importancia que están determinado la salud de nuestros pueblos. Para lo cual he revisado documentos de la OPS que están disponibles en formatos electrónicos en la página WEB y que nos llevan desde Alma Ata en 1978, hasta los Objetivos del Milenio del año 2000.

 

Al cumplirse los 25 años de la histórica declaración de Alma Ata, en la que participaron 134 países y 67 organismos internacionales, varias publicaciones nos llevaron a comprender mejor cómo surgió la iniciativa y los esfuerzos de la OMS y UNICEF para conseguir el consenso mundial, en medio de la guerra fría.

 

Alma Ata y Salud Para Todos en el año 2000, y la Atención Primaria de Salud -como la estrategia básica-, es desde entonces un referente para todos los que nos dedicamos a la salud pública. Pero un referente que nos obliga a la reflexión, sobre las razones por las cuales no llegamos al año 2000, a que las poblaciones disfruten un nivel de salud que les permita llevar una vida social y económica productiva. Esta era la esencia de la expectativa de salud para todos.

 

Los 10 puntos de la declaración de Alma Ata, señalaban entre otros; que la salud es un derecho humano fundamental; que la salud de la población no es solo responsabilidad de un sector; y que esta íntimamente anexa a las condiciones de vida, sociales y económicas. Por lo tanto los cambios en la salud demandaban un real compromiso del estado, que además debería garantizar el cuidado y la atención de salud.

 

El punto II de la declaración de Alma Ata sigue siendo vigente hasta ahora, señalaba que “la grave desigualdad existente en el estado de salud de la población, especialmente entre los países en desarrollo y los desarrollados, así como dentro de cada país, es política, social y económicamente inaceptable y, por tanto, motivo de preocupación común para todos los países.”

 

David Tejada, subdirector de la OMS a la época, nos señala que el concepto principal de “atención” fue mal interpretado de su palabra original del ingles “care”, que se refiere mas a “cuidados”; lo correcto hubiera sido entonces referirnos a Cuidados Primarios de Salud y no a la atención primaria, que centró sus actividades en la lucha contra la enfermedad, a la atención médica curativa.[1]

 

Los cuidados en cambio, basaban su intervención en la participación y vida junto con la población, en las comunidades, en los barrios, en las tareas cotidianas y centradas en la prevención y promoción de la salud. Entonces se tomaba como ejemplos los avances en la India y de manera particular en la China con la experiencia de los médicos descalzos y en el caso latinoamericano con la experiencia de los médicos de familia que desarrollaba Cuba.[2]

 

La atención primaria de salud fue difundida, muchos países se sumaron a esta propuesta y fue una forma real aunque incompleta de acercar la atención de salud a poblaciones dispersas y rurales. Se iniciaron los programas de vacunación, de control del crecimiento y desarrollo; de lactancia materna y el uso de sales de rehidratación oral; que marcaron la atención primaria selectiva, cuestionada pero que comenzó a tener impacto en la salud de los niños y en la reducción de la morbilidad y mortalidad infantil.  

 

Pero el sueño y la utopía de Salud Para Todos no se concreto. Las desigualdades en nuestros países nos mostraban en el año 2000, que la esperanza de vida de 70 años que había alcanzado el continente; tenía en sus valores extremos a 54 años que era la expectativa de vida en Haití, hasta los 79 años en Canadá; una diferencia de mas de 25 años. La tasa de mortalidad infantil era de 24.8 por mil n.v. en la región; pero sus valores extremos iban de 5 por mil n.v. en Anguila a 80 por mil n.v. nuevamente en Haití, es decir el riesgo era 16 veces mayor. Cuando se analiza la mortalidad infantil en unidades subnacionales, las brechas se incrementan con valores que van de 3.7 hasta 133 por mil n.v.[3]

 

La llamada crisis de la salud pública en el marco de un nuevo orden económico mundial en los 90s, no había dejado espacio a la búsqueda de ese sueño al que nos habíamos comprometido el 78.

 

La crisis comenzó muy pronto, los años 80s fueron para la mayoría de nuestros países de deterioro económico, de perdidas de capacidades, de inflación e hiperinflación y de un crecimiento de la deuda externa; que no permitió el desarrollo de políticas sociales que redujeran las diferencias. Fue una década de acumulación de pobreza.

 

Se reconocía el deterioro de los servicios de salud así como la aparición de enfermedades que se creían controladas, de otras que eran nuevas y de formas de resistencia al tratamiento que podían echar por tierra años de esfuerzo de los trabajadores de salud. Era necesario repensar otras categorías como: estado,  descentralización, ciudadanía y participación popular.

 

En los años 90s las reformas de estado y en particular las de salud impulsados por organismos internacionales, en el marco mundial de lo que empezó a llamarse como globalización; tampoco redujeron las diferencias y nuestro continente seguía siendo el mas inequitativo, donde se concentraba la riqueza en unos pocos y la pobreza en muchos más, cada vez mas.

 

En una publicación realizada por la OPS en 1993, “Sobre la teoría y práctica de la salud pública” se daba cuenta de la dimensión de la crisis. Los principales argumentos señalaban no solo la dificultad de implementar la Atención Primaria de Salud (APS) y los Sistemas Locales de Salud (SILOS); sino la incapacidad de atender las demandas sociales, de transformar las condiciones de salud. Los modelos explicativos sobre la salud estaban centrados en la enfermedad; así como la práctica y la formación de profesionales que estaba dedicada a la atención de la enfermedad.  

 

Y cuál es la situación actual?

América Latina y el Caribe tienen una población de 500 millones de habitantes, de los cuales 125 millones (27%) no tienen acceso a los servicios de salud. El crecimiento de la población obedece a la llamada transición demográfica que ha mejorado la expectativa de vida, reducido la tasa de mortalidad general y disminuido la natalidad. Cada año nacen en promedio 15 millones de niños y se estima en 5 millones el numero de defunciones anuales en nuestro continente.

 

Otra característica de los cambios es la urbanización y concentración de poblaciones en las ciudades; algunas de ellas con poblaciones mayores de 10 millones que producen desequilibrio físico y social; con impacto en el medio ambiente, falta de agua, hacinamiento y concentración de poblaciones muchas veces migrantes, indígenas y pobres incrementando su vulnerabilidad y exclusión social. El 60% de los pobres en América Latina vive en zonas urbanas.[4]

 

La exclusión social no permite el acceso a bienes, oportunidades y relaciones sociales disfrutadas por otros y que en el caso particular de la exclusión en salud, no permite el acceso a los servicios de salud, por razones geográficas, sociales económicas, o por no recibir un servicio oportuno, con capacidad resolutiva y de respeto, que reconozca la diversidad cultural y étnica.[5]

 

El crecimiento económico ha sido desigual en la región, y solo ha beneficiado a porcentajes mínimos de la población, no ha reducido la pobreza. Se estimaba en el año 2002 que viven en situación de pobreza 224 millones de personas que representa el 36% con rangos entre los países que van de 6% a 65%.[6] Considerando la región de las Américas en 1980 el ingreso mediano del 20% mas rico era de 12.6 veces mayor que el 20% mas pobre. Durante la década del 90 se amplio a 14.6 y al final del 2000 continuaba incrementándose a 15.8. En algunos países la diferencia es aun mayor como en Guatemala que era de 30.

 

Y quienes los mas afectados dentro de los pobres?, sin duda alguna las poblaciones indígenas de nuestro continente. A pesar de señalar los logros en la década por la salud de los pueblos indígenas del mundo como el hecho de que la mayoría de nuestros países haya desarrollado leyes y políticas de salud favorables; así como hayan creado estructuras ministeriales en favor de los pueblos indígenas;  las condiciones de vida y de salud para 45 millones de indígenas en más de 400 pueblos diferentes; no ha cambiado significativamente.

 

Por solo citar algunos ejemplos; en Guatemala el 54% de la población indígena es pobre y 28% sufre extrema pobreza. En México, 487 municipios donde más del 70% de su población es indígena son considerados como de alta y muy alta marginación. En Nicaragua, el 70% de los Miskito son pobres comparados con 43% en la población nacional. Esta misma comparación señala que en Perú el 80% de los indígenas son pobres frente al 50% de la población no indígena. En El Salvador, 40% de los niños indígenas son desnutridos frente al 20% en el ámbito nacional. En Canadá, los casos de SIDA entre la población indígena se incrementaron de 1.0% en 1990 a 7.2% en 2001.[7]

 

Las enfermedades infecciosas como la malaria, el dengue y la tuberculosis son frecuentes, incluso algunas de estas enfermedades fácilmente prevenibles continúan afectando a los indígenas como el tracoma. Esta enfermedad que hace más de un siglo era frecuente entre los viajeros inmigrantes que venían de Europa hacia América, hoy esta concentrada entre los indígenas, que al no tener sistemas de agua potable y vivir en pobreza, continúan transmitiendo la clamidia e infectando crónicamente los ojos produciendo ceguera irreversible en hombres y mujeres.  

 

En los indígenas no solo son frecuentes las enfermedades infecciosas, también lo son las no transmisibles como los problemas de violencia, de alcoholismo, de drogadicción y el suicidio. Como medir los efectos en la salud de la discriminación, del sufrimiento que incorpora en toda su vida un hombre o una mujer indígena.

 

 

Los cambios en la salud continúan, reconociendo nuevos perfiles de salud en las poblaciones que aceleran las diferencias, que incrementan las brechas en salud, que refuerzan la polarización en salud y en las condiciones de vida. Cambios que pueden atribuirse en parte a lo que hoy llamamos como globalización.

 

Y que es la globalización? Primero deberíamos señalar que no es nueva. Ha existido durante cientos de años, de encuentros entres los pueblos del mundo, por el comercio internacional y las migraciones que permitieron la diseminación e intercambio del saber y del conocimiento, tan vitales para el desarrollo de la humanidad.[8] Ningún desarrollo del mundo de hoy puede negar los grandes aportes de las civilizaciones orientales como China, India el mundo árabe o las indo americanas.  También debemos decir que no podemos negar a la globalización como un hecho real que nos puede llevar desarrollo, ciencia, tecnología e información. Que puede hacer que las poblaciones del mundo disfruten de estos bienes y de otros como la globalización del respeto y practica de los derechos humanos, la solidaridad, la igualdad de oportunidades y a la protección de nuestro planeta. Formas de reducir las desigualdades e inequidades entre los países y al interior de ellos.

 

Pero estas formas de ver la globalización pasan desapercibidas. La única que se refuerza es la globalización del capital: la internacionalización de la producción y el consumo de valores y costumbres por movimientos de capital, fuerza laboral y tecnología. Es decir la globalización económica a la que las reformas sectoriales, fiscales, y de reducción del aparato estatal contribuyeron decididamente.

 

 

Así, las economías nacionales se han integrado a los mercados internacionales. Cada año la prensa nos informan sobre quienes son los ricos más ricos del mundo y comparan su riqueza con la misma que tienen como producto bruto interno tanto número de países, todos ellos del tercer mundo. Y esa acumulación de capital continua, en manos de pocas personas, de las grandes empresas multinacionales sin saber cual es el límite, hasta donde pueden llegar.

 

Vista así, la globalización no ha reducido la pobreza, se han ampliado las brechas en un mundo global donde están privilegios algunos y excluidos la mayoría.  Se han acelerado las migraciones de sur a norte. Varios cientos de millones huyen de sus aldeas y comunidades pobres para buscar oportunidades. Cada año mueren cerca de 400 personas en la frontera México-Americana.

 

En el campo de la salud hay una rápida difusión de conocimientos, productos, tecnología y prácticas médicas, que abre una gran posibilidad de llevar salud a más rincones del planeta, pero que al mismo tiempo esta fomentando un nuevo patrón de consumo de bienes y servicios de salud.

 

Cada vez es mas frecuente la prestación internacional de servicios de salud, por movimientos de pacientes. Otro hecho que se reconoce hoy es la migración de trabajadores de salud en especial enfermeras que esta ocasionando la falta de estos recursos humanos en los países que los forman.  Los países pobres financiando la formación de recursos humanos en salud.  

 

La industria farmacológica no prioriza los recursos para la investigación y desarrollo de nuevos tratamientos y vacunas para aquellas enfermedades que predomina entre la población pobre; como la tuberculosis o la malaria que sigue siendo responsable de la muerte de un millón de personas cada año en el mundo, la mayoría niños. La lucha por las patentes y su comercialización privilegiada es hoy en día tema central de discusión para la firmas de los tratados de libre comercio.

 

La globalización significa también, lo que se ha denominado como la macdonalizacion del mundo, ya que difunde una cultura virtual mundial, una forma de vida, de comportamientos, de creencias, de símbolos, de valores. Los cambios en los patrones de comportamiento y alimentación vienen generando una epidemia de obesidad con repercusiones negativas a la salud de los niños, los adolescentes, y adultos. Los porcentajes de obesidad en nuestros niños se han duplicado en una década, y la edad media de los casos de diabetes ha descendido significativamente. 

 

La violencia urbana se incrementa entre hombres. Los homicidios son frecuentes entre las pandillas juveniles. La violencia contra los más débiles como los niños, ancianos y las mujeres son cada vez mas frecuentes muchas veces asociada al consumo de drogas y alcohol. Nuevas enfermedades aparecen y se difunden con rapidez favorecidas por el comercio internacional, las migraciones y el turismo poniendo en riesgo la salud del mundo. Son ejemplos el VIH-SIDA y recientemente la pandemia del SARS. Otras reemergen como el dengue, que paso de 60 mil casos en 1980 a mas de un millón el 2002 en las Américas; o la epidemia de Cólera que luego de su ingreso por las costas de Perú alcanzo en solo unas semanas a los países de la región.  

 

El impacto en el medio ambiente por la contaminación; los cambios en el clima mundial, la pérdida de los recursos naturales, como la deforestación y condiciones sociales de vulnerabilidad hacen que los fenómenos naturales produzcan grandes desastres, la perdidas de cientos de vidas y la destrucción de infraestructura de salud, de caminos, de comunicaciones entre otros, favoreciendo y generando desplazamiento de poblaciones.

 

El impacto en los ecosistemas y pérdida de la diversidad biológica, favorece también problemas de sanidad animal y de producción agropecuaria, así como de sustentabilidad de las fuentes de alimentos.

 

Es en este contexto mundial y regional que tenemos que tener mayor interés en abordar y disminuir las brechas e incluir a todos a los beneficios del desarrollo. Debemos poner mayor atención y vigilar, los efectos en la salud por la globalización. A buscar mayores oportunidades para disfrutar las redes de información y conocimiento, favoreciendo sinergias y asociaciones en cooperación en salud.[9]

 

En septiembre del año 2000 en Nueva York, 189 países del mundo realizaron la cumbre de desarrollo del milenio y aprobaron los 8 grandes objetivos, tres de los cuales están directamente relacionados con la salud: Reducir la mortalidad materna, reducir la mortalidad infantil y controlar y disminuir las enfermedades prioritarias como el VIH-SIDA, la malaria y tuberculosis. Para poder medir y seguir estos objetivos, se identificaron metas e indicadores teniendo como base al año 1990 y como año final el 2015. Nos quedan entonces 10 años más, para haber reducido a la mitad la pobreza y el hambre. Este es el objetivo 1, el más importante, el central. El que favorecería la consecución de los otros objetivos. 

 

Pero reducir la pobreza a la mitad sigue siendo insuficiente, significa que aunque en términos porcentuales se haya logrado disminuir la pobreza, en términos absolutos la cantidad de pobres seguirá aumentando. Seguirán siendo varios millones, mas aun cuando la ayuda económica internacional de los países ricos no se ha incrementado como estaba previsto en la cumbre del milenio. 

 

La mortalidad materna en América Latina y el Caribe fue de 190 por cien mil n.v. en el año 2000. Reducir en tres cuartas partes este indicador demandara grandes esfuerzos, en vista incluso que la mortalidad materna entre 1990 y el 2000 se incrementó en varios de nuestros países. Reducir la mortalidad materna requiere sistemas de salud articulados con pronta capacidad de respuesta y resolución. Incluye la participación activa de los sistemas de salud tradicionales, de las parteras en particular, interactuando con los trabajadores de salud en las redes de servicios sanitarios. 17 % de los partos en ALC son atendidos por personal de la comunidad los cuales no han recibido capacitación adecuada.

 

Sin embargo una disminución de la mortalidad materna como plantea este objetivo, no se dará mientras la educación de las mujeres no cambie. Por tanto este objetivo esta estrechamente relacionado con el objetivo que garantiza a las mujeres la enseñanza básica primaria.

 

Las tasas de mortalidad infantil vienen disminuyendo en todos los países de nuestra región si comparamos los valores entre 1990 y 2000. El reconocimiento temprano de los signos de infección respiratoria, el uso de las sales de rehidratación y las coberturas de vacunación alcanzadas en la región han contribuido sustancialmente. A diferencia de la mortalidad materna no se requiere de una red de servicios de salud con profesionales para resolver las complicaciones del parto. Muchas veces es suficiente un local comunal con personal técnico capacitado para brindar la atención de emergencia inicial que puede cambiar el riesgo de morir de un niño.

 

Pero caracteriza a nuestro continente las diferencias de las tasas entre los países y al interior de los mismos. En los niños indígenas la mortalidad infantil es hasta tres veces mayor. En el año 2003 varios países como Haití, Guyana, Bolivia, Guatemala, Perú, entre otros, tenían tasas de mortalidad infantil por encima del promedio de la región.

 

La lucha contra el VIH-SIDA cada vez tiene más compromiso por los gobiernos y organizaciones civiles e internacionales. En nuestra región la epidemia esta concentrada en grupos de población como HSH, ó en UDI. En algunos países del caribe la epidemia esta generalizada alcanzando prevalencias en la población mayores del 5%, afectando por igual a hombres y mujeres. La prevención sigue siendo la única forma de control de esta epidemia, involucrando en su lucha a todos los sectores de la población.

 

La meta de 3x5, 3 millones de tratamiento ARV para el 2005 en el mundo  ha sido alcanzada en nuestra región y que permite el acceso a los antiretrovirales a mas de 600 mil personas infectadas que requieren tratamiento.[10] Una tarea central sigue siendo la lucha contra el estigma y la discriminación que sigue presente en los centros laborales, las escuelas, incluso en los servicios de salud, motivo por el cual no se realizan suficientes pruebas de detección voluntaria y asesoramiento para disponer el acceso al tratamiento que modifique sustancialmente el curso de la enfermedad, proporcionando una vida productiva y saludable.

 

La lucha contra la malaria tuvo momentos en que creíamos eliminado el problema de nuestro continente. Sin embargo en 1992 se hizo necesario plantear una nueva estrategia de lucha contra el paludismo. En 1998 la OMS lanzó la campaña mundial de hacer retroceder el paludismo. Actualmente en América Latina y el Caribe 21 países tienen transmisión de malaria. 40 millones de personas viven en zonas de riesgo moderado y alto. La carga de malaria se concentra en los países amazónicos como Brasil, Colombia, Ecuador, Perú. Nuestra región reportó más de un millón de casos anuales en 1997 habiendo reducido la incidencia a 871,965 casos el 2004. La mayoría de los casos son atribuidos al plasmodiun vivax, pero una cuarta parte son provocados por el plasmodium falciparum, del cual ya se reportan formas de resistencia al tratamiento.[11] 

 

Con respecto a la tuberculosis en el año 2003 se registró en nuestra región 227,551 casos con 53,800 defunciones. La asociación con el VIH, la aparición de formas de multi-drogo-resistentes (MDR) al tratamiento y el deterioro en las condiciones de vida, pobreza, hacinamiento y hambre siguen siendo determinantes para la continuidad de una enfermedad prevenible y curable.[12]

 

Un enfermo de tuberculosis no tratado contagia a una persona por mes. Un solo paciente puede aportar entre 24 y 96 nuevos infectados de los que el 10% podrá desarrollar la enfermedad.[13] La estrategia DOTS (tratamiento breve directamente supervisado) ha permitido una ligera disminución de la incidencia desde 1994. Esta estrategia incluye un decidido compromiso político y financiero, una red de diagnóstico bacteriológico, el acceso a los medicamentos y un buen sistema de registro y supervisión. La meta el 2015 es llevar la prevalencia de la TB a menos de 50 por cien mil habitantes. Meta que en nuestro continente puede verse afectada por el crecimiento de la epidemia VIH-SIDA en países donde la carga de tuberculosis es muy alta.

 

Los ODM se convierten en el ideal y fuente de esperanza para llevar salud y desarrollo a los pueblos del mundo. Es momento de repensar la salud para todos y de renovar los principios de la Atención Primaria de Salud.

 

En el informe anual sobre al salud en las Américas presentado por la directora de la OPS, Dra. Mirta Roses, en la sesión del consejo directivo de la semana pasada, recomienda repensar la atención primaria de salud, articulada en redes, con participación activa de la comunidad, con personal comprometido que promueve la prevención y la atención integral de salud.

 

Vemos con especial agrado la experiencia en Argentina sobre la atención primaria ambiental, donde con participación local se intervienen en los problemas ambientales a través de los Eco clubes; o en Venezuela con el programa barrio adentro que lleva atención de salud a sectores urbanos más pobres. [14]

 

Renovamos el espíritu esencial de la atención primaria de salud acercando los servicios de salud a la población con marcos legales, compromiso político y sostenimiento financiero. Esta será la clave en la búsqueda de los objetivos del milenio y sobre todo para proteger los logros en el campo de la salud; para resolver la agenda inconclusa y para enfrentar los nuevos desafíos en salud.[15]   

 

Proteger los logros en salud, significa sostener los esfuerzos que nos han llevado al logro de coberturas de vacunación por encima del 90%, en particular en las regiones rurales, en las poblaciones indígenas y en zonas de frontera. En 1980 la cobertura de vacunación antisarampionosa era de 48% y en el 2002 fue de 93%. Gracias a este esfuerzo la incidencia de sarampión disminuyo de 408 casos por millón de habitantes en 1980 a solo 2 casos por millón en el 2000.

 

La agenda inconclusa aun nos lleva a la lucha continua contra la mortalidad infantil y materna. A los esfuerzos para mejorar la salud de los más pobres, entre ellos los pueblos indígenas que siguen padeciendo enfermedades fácilmente prevenibles. Revertir los rezagos en salud requiere cambios estructurales que centren su intervención en los determinantes sociales.

 

Y enfrentar los nuevos desafíos nos obliga a seguir en la lucha contra nuevas enfermedades, como el SIDA; a coordinar e intercambiar planes de intervención conjuntos ante nuevas amenazas como la pandemia de influenza; a articular nuestros sistemas de salud para que la información sanitaria sea de dominio global; a la preparación conjunta para la prevención, mitigación y respuesta a los desastres naturales.

 

Los desafíos serán continuar con la lucha contra la inequidad en salud, a buscar el acceso a servicios de salud con oportunidad y calidad; a controlar las enfermedades emergentes, a enfrentar los problemas de salud mental,  a la lucha contra el tabaquismo y las adicciones.  La lucha en la búsqueda de mejor salud para las poblaciones, nos corresponde a todos, a los gobiernos de las naciones, al sector de la salud, a la sociedad civil; a los gobiernos locales; a la comunidad y debe ser siempre un elemento de justicia social.[16]

 

 

Les agradezco mucho por su atención, ha sido un verdadero honor para mi dirigirme ante ustedes trabajadores de salud cubanos, con quienes he tenido el privilegio de compartir horas de trabajo y amistad en Chimoio-Mozambique, en Lagos-Nigeria y recientemente en nuestro vecino Haití. Allí con el apoyo de la cooperación médica cubana, el Ministerio de la Salud Pública y la Población, y la OPS hicimos esfuerzos por sostener un sistema de vigilancia epidemiológica de base departamental; la recolección, análisis y difusión de los certificados de defunción; la formación de recursos humanos, la intervención frente a las epidemias en el país con más necesidades de salud de las Américas. Reciban ustedes mi admiración, por su compromiso y solidaridad por la salud de los pueblos más necesitados del mundo.



[1] Tejada de Rivero D. Alma Ata: 25 años después. Revista perspectivas de salud. Vol  8, Número 1, 2003

[2] Marcos Cueto. The Origins of Primary Health Care and Selective Primary Health Care. American Journal of Public Health. Nov 2004, Vol 94,Nº11

[3] OPS. La salud en la Américas Vol 1 Edición 2002. Publicación científica y Técnica Nº 587

[4] Torres, C., Mujica, O. Salud, Equidad y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Rev Panam Salud Pública 15 (6),2004

[5] OPS. Exclusión en Salud en Países de América Latina y el Caribe. Serie extensión de la protección social en salud, Nº1. Washington DC, OPS  2003

[6] OPS. Situación de Salud en las Américas 2002

[7] OPS. Programa Salud de los Pueblos Indígenas de las Américas. Ejes de trabajo y plan de acción 2005-2015. Noviembre 2004

[8] Amartya Sen. Juicios sobre la globalización. The American Prospect, Invierno 2002, A2-A6.

[9] OPS. Globalización y Salud. 132 sesión del comité ejecutivo. CE132/15

[10] OPS. El acceso a la atención para las personas que viven con el VIH-SIDA. CD46/20 2005

[11] OPS. La Malaria y los objetivos internacionalmente acordados de desarrollo, incluyendo los contenidos en la declaración del milenio. CD46/17. 2005

[12] OPS. Estrategia regional para el control de la Tuberculosis para 2005-2015. CD46/18 2005.

[13] Raviglione, MC., Harries, AD., Msiska, R., Wilkinson, D.,Nunn, P. Tuberculosis and HIV: current status in Africa. AIDS. 1997 11(Suppl B):S115-S123

[14] OPS. Renovación de la Atención Primaria de Salud en las Américas. Documento de posición. CD46/13. 2005

[15] OPS. Informe anual de la directora de la Ofician Sanitaria Panamericana. Aunar esfuerzos en pro de la Salud de las Américas. CD46/4. 2005

[16] OPS. 44 Consejo Directivo. Estrategias de gestión para el trabajo de la OPS 2003-2007. CD44/5